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Cómo maquetar un álbum de boda, paso a paso

Un álbum no es una selección de las mejores fotos: es la boda contada en veinte pliegos. Esta guía recorre el trabajo en el orden en que se hace —elegir, ordenar, componer, revisar y entregar— con los criterios que separan un álbum que se hojea de uno que se vuelve a abrir.

Actualizada el 14 de octubre de 2026 · 9 minutos de lectura

1. Antes de empezar: medida, laboratorio y número de pliegos

Tres decisiones condicionan todo lo que viene después, y cambiarlas a mitad de trabajo obliga a rehacer composiciones:

  • La medida y la forma. Un 30 × 30 cuadrado y un 30 × 40 vertical no admiten las mismas composiciones: en el cuadrado el pliego abierto es muy apaisado (60 × 30) y pide fotos horizontales o parejas; en el vertical cada página se sostiene sola. Repasamos las medidas habituales en Medidas y resolución de un álbum.
  • Las especificaciones del laboratorio. Sangrado, zona segura y lomo los fija quien imprime, no quien maqueta. Pídeselos antes de colocar la primera foto: una imagen a sangre o un texto cerca del canal dependen de ellos. Está todo en Preparar un álbum para imprenta.
  • El número de pliegos. Suele venir del paquete contratado. Como orientación, un álbum de boda de veinte pliegos (cuarenta páginas) cuenta bien una jornada completa sin hacerse largo; por debajo de quince hay que dejar fuera momentos que los novios echarán de menos, y por encima de treinta el ritmo se resiente si la selección no es muy buena.

2. La selección: cuántas fotos y cuáles

La pregunta no es cuántas fotos caben, sino cuántas aguanta cada pliego sin convertirse en una hoja de contactos. Una regla que funciona: entre tres y cinco fotos por pliego de media, con pliegos de una sola foto y pliegos de seis o siete repartidos por el álbum. Para veinte pliegos eso da entre sesenta y cien fotos.

Al elegir, conviene buscar por capas:

  1. Las imprescindibles. Las que los novios no perdonarían que faltasen: el sí, los anillos, la entrada, el primer baile, los padres, la foto de grupo. Márcalas primero y no las discutas.
  2. Las que cuentan. Las que explican cómo fue el día: el lugar, la luz, los preparativos, las caras de los invitados. Son las que dan contexto a las imprescindibles.
  3. Los detalles. Zapatos, ramo, invitación, manos, mesa. Sirven de respiro entre fotos de personas y casan muy bien en parejas o tríos.

Y una criba en sentido contrario: de cada ráfaga, una. Dos fotos casi iguales en el mismo pliego no suman, se restan valor entre sí.

3. El orden: contar la jornada

El orden cronológico es el punto de partida casi siempre, porque es el que el lector entiende sin pensar. Ordenar por la hora de captura de las cámaras —y ajustar a mano lo que se disparó con otra cámara o un segundo fotógrafo con el reloj desfasado— resuelve la mayor parte del trabajo.

Dentro de la cronología, piensa en escenas y no en fotos sueltas: preparativos, llegada, ceremonia, salida, sesión de pareja, cóctel, banquete, fiesta. Cada escena ocupa uno o varios pliegos enteros, y un pliego no debería mezclar dos escenas salvo en las transiciones. Eso da al álbum capítulos que se reconocen al pasar página.

Hay licencias razonables: los detalles del lugar pueden abrir el álbum aunque se fotografiaran a media tarde, y la mejor foto de pareja puede ir al principio como portada interior.

4. Componer cada pliego

El pliego —las dos páginas que se ven a la vez al abrir el álbum— es la unidad de diseño, no la página. Unos criterios que ahorran muchas vueltas:

  • Una foto manda. En cada pliego, una imagen debería ser claramente la protagonista por tamaño. Si todas miden lo mismo, el ojo no sabe por dónde empezar.
  • Cuidado con el canal. El centro del pliego es el lomo: en encuadernaciones planas (layflat) apenas se nota, pero en las demás se pierde parte de la imagen. Nunca pongas una cara ahí. Si una foto cruza el pliego, que el canal caiga sobre fondo, cielo o pared.
  • Las miradas hacia dentro. Una persona en la página izquierda que mira a la izquierda «se sale» del álbum. Colócala para que mire hacia el centro del pliego, o voltea el orden de las fotos.
  • Márgenes iguales. El espacio entre fotos y el margen exterior deberían repetirse en todo el álbum. Es lo que hace que veinte pliegos distintos parezcan un mismo libro.
  • Color y luz por pliego. Una foto de interior cálida al lado de una exterior azulada se ven peor juntas que por separado. Agrupa por luz cuando puedas.
  • El encuadre dentro del hueco. Una foto metida en un hueco de otra proporción se recorta. Revisa que no se corten cabezas, manos o pies por una articulación, y desplaza el encuadre dentro del hueco antes de cambiar de composición.
Un pliego maquetado en Cajista, con una foto principal y varias secundarias

5. El ritmo del álbum entero

Cuando los pliegos están montados, pasa el álbum de principio a fin sin detenerte en ninguno. Lo que se busca ahora no es que cada pliego esté bien, sino que la secuencia respire:

  • Alterna densidad. Tras dos o tres pliegos con muchas fotos, uno con una sola foto a toda página descansa la vista y da peso a ese momento.
  • No repitas composición seguida. La misma disposición en dos pliegos consecutivos se nota enseguida, aunque las fotos sean distintas.
  • Abre y cierra fuerte. El primer y el último pliego son los que más se miran. Resérvales dos de las mejores fotos del día.

6. La revisión con los novios

Aquí es donde un álbum se alarga semanas. Tres hábitos acortan las rondas:

  1. Manda un documento, no una galería. Un PDF con los pliegos tal como se van a imprimir se entiende de un vistazo; una galería de fotos sueltas obliga a imaginar el álbum.
  2. Pide los cambios de una vez y numerados. «Pliego 7: cambiar la foto de la abuela por otra donde salga sonriendo». Fija de antemano cuántas rondas incluye el precio.
  3. No mandes el archivo de imprenta. Lo que ven los novios debe ser una prueba ligera, a resolución de pantalla y sin sangrado: el sangrado en pantalla parece un error de corte y genera preguntas que no vienen al caso.

7. Preparar la entrega al laboratorio

Con el álbum aprobado, queda generar los archivos finales: a tamaño real, a la resolución que pida el laboratorio (300 ppp casi siempre), con el sangrado que pida y en sRGB salvo que diga otra cosa. Antes de enviar, repasa que no quede ningún hueco vacío, ninguna foto con resolución insuficiente para su tamaño y ningún texto pegado al corte. Lo explicamos con detalle en Preparar un álbum para imprenta.

Hacerlo en Cajista

Cajista sigue este mismo orden: agrupa la sesión en escenas por la hora de captura, compone los pliegos a partir de tus favoritas —evitando repetir composición en pliegos seguidos y poniendo cada foto en el hueco que menos la recorta— y te deja mover, encuadrar y ajustar cada hueco a mano, avisando de las fotos que se quedan cortas de resolución. La prueba para los novios sale en PDF sin marca de agua, y la exportación a imprenta repasa pliegos en blanco, huecos vacíos y textos al corte antes de generar los archivos. Las fotos no salen de tu ordenador.

Maquetar es gratis y sin registro; solo se paga el archivo para el laboratorio.